lunes, 7 de febrero de 2011

Aire Fresco

"Había jóvenes en la construcción que ganaban más que un catedrático"
"Más que cambiar de modelo, hay que cambiar de mentalidad. Yo no hablaría de modelo sino de la existencia de una serie de actividades predominantes en un momento dado del tiempo. Es difícil hablar de qué hay que cambiar, porque en economía está casi todo inventado y no es ya, como digo, una cuestión de modelo sino de cuestiones culturales, de mentalidades, de estrategias de largo plazo, de búsqueda de nuevas oportunidades de negocio, de desarrollar más nuestra habilidades tradicionales o, como he dicho en alguna ocasión, de hacer cada vez mejor lo que ya sabemos hacer.
(...) Se produjo un fuerte efecto de mimetismo que llevó a muchas empresas a descapitalizarse en la búsqueda de beneficios rápidos. Fue un modelo que creó su propia estructura y que a la postre las cifras que mostraba eran engañosas en cuanto a su mantenimiento en el tiempo. Gran parte de nuestros males económicos tiene su origen en el atracón inmobiliario, en el beneficio inmediato, y en la creación a su alrededor de un gran número de empresas y actividades directa o indirectamente relacionadas que poco a poco han ido cayendo a consecuencia del parón de la construcción.
(...)Muchos no quisieron hacer caso. Recuerdo que la frase más común que comentábamos tomando el café por las mañanas era dónde se encontraban esos millares de personas que debían comprar las viviendas que se planeaban construir. Al final nos encontramos con un exceso de capacidad instalada. ¿Qué sucedió? Hace quince años, la casa de la playa costaba la mitad que la vivienda de la ciudad, y mucha gente, los que podían, compraban por esa diferencia de precio. El boom inmobiliario yo diría que se inició precisamente en ese tipo de viviendas que tuvo un fuerte impulso por la entrada de compradores extranjeros, principalmente británicos. La fuerte demanda hizo que se dispararan los precios hasta el punto de que la vivienda de la playa ha llegado a costar lo mismo que la de la ciudad, que también registró un fuerte recorrido al alza en sus precios.
(...)El problema es que tenemos un paro con muy escasa formación porque se han generado puesto de trabajo de baja cualificación y por lo tanto poco reciclables. Y a eso se une que los diplomados y licenciados universitarios apenas tienen salida hoy día. Estamos generando una cantidad importante de titulados, puede que mil al año, con escasas posibilidades de encontrar el empleo que quieren y para el que se han preparado. Hay que reorientarlos hacia el mundo empresarial. Se lo digo a mis alumnos. Lamentablemente, hasta ahora ha predominado el modelo de colocarse en una empresa con un salario seguro, o hacerse funcionario. Trabajar de 8 a 3 y tener las tardes libres. Eso es lo que más me preocupaba. Cuando alguien te dice que quiere tener las tardes libres para hacer deporte o irse de compras, y que esa es su aspiración laboral, me parece inquietante. No es el perfil que se requiere para sacar nuestro país adelante.
(...)Hasta hace no mucho, cuando se realizaba una selección de personal o una entrevista de trabajo la mayoría de aspirantes preguntaba por el horario el sueldo y las vacaciones. Eso es ha terminado. Por el contrario, ahora sólo quieren meterse en una empresa para aprender. ¿Cuándo empiezo, te dicen? No les importa tanto el salario o las vacaciones. En esa etapa expansiva que hemos atravesado se ha perdido en España un conjunto de valores que son los que siguen funcionando en los países anglosajones, como el esfuerzo, el reconocimiento del talento, la responsabilidad y la motivación por las cosas bien hechas. Aquí hay generaciones que se lo han encontrado todo hecho. También había jóvenes que dejaban los estudios y se iban a trabajar a la construcción por más de 3.000 euros al mes. ¡Ganaban más que un catedrático!
(...)No es el Estado el que tiene que dar solución a tus problemas, sino tú mismo. Cada uno debe intentar sacar los pies del plato. Ahora dices que trabajas por tu país o que eres un patriota porque hay que arrimar el hombro y está, o casi habría que decir que estaba, mal visto. Sólo somos patriotas cuando juega la Selección Española."
Joaquín Aranda. Catedrático de economía aplicada. Leer entrevista completa (+)


"Poco a poco el español se tendrá que ir vacunando contra esa desconfianza que le produce el que se va a vivir fuera. Provocaba una simpatía lógica el obrero que se veía obligado a emigrar al norte de Europa en los años del desarrollo, y un resquemor torvo quien se marchaba por aburrimiento o porque buscaba nuevos horizontes en un tipo de trabajo cualificado. Hoy sigue siendo una experiencia común a aquellos jóvenes profesionales que trabajan en el extranjero que, al volver a su pueblo o a su barrio, se les desautorice cuando opinan sobre algo que sucede en España: "Tú es que como vives fuera ya no sabes de qué va esto". Ni tan siquiera se les concede la posibilidad de tener una visión más amplia o menos intoxicada sobre el propio país por haber probado otros sistemas de vida. Pero este mal tan arraigado que se llama mezquindad se tendrá que ir curando. La realidad se ha impuesto crudamente a algo tan difícil de cambiar como es la costumbre de respirar un ambiente poco aireado. Y los primeros que están empezando a pensar que en España no se vive mejor que en ningún sitio son esos padres que han luchado porque sus hijos tengan una preparación sólida y ahora ven cómo han de marcharse lejos de casa para labrarse futuro, o al menos, un presente digno. No es extraño que uno de aquellos hombres que se fueron a Alemania a trabajar con un mono vea ahora cómo es su hijo ingeniero o informático quien tiene que emigrar. Y si bien es cierto que lo hace en otras condiciones, con más experiencia y una dosis mínima de cosmopolitismo, también lo es que a nadie le gusta marcharse por obligación. O que a casi todo el mundo le gusta volver. Y que sería deseable que nuestro país pudiera albergar en un futuro a esa gente a la que formó. Nos aportarían la excelencia de su trabajopero también algo que nos falta: aire fresco."
Aire fresco. Elvira Lindo en El País


Despúes de 20 días sin actualizar el blog, tenía pensado subir hoy una entrada sobre música que tengo preparada en borradores. Pero en el último momento he cambiado de opinión. Alquien con un nombre un tanto extraño, dejó un comentario ayer en mi anterior entrada quejándose de mi poco patriotismo por "asociar a nuestra patria con todo lo malo".
He de reconocer que tengo una relación de amor-odio con mi país. Hay muchas cosas que me gustan y me encantan: sus variados y bellos paisajes; su rica variedad de culturas; el gran legado arquitéctónico y artístico que todas ellas dejaron; su también rica y variada gastronomía...Pero al mismo tiempo hay otras muchas que me entristecen y me deprimen.  A veces me indignan y me cabrean y siento ganas de huir y emigrar del país. El ADN  y la mezquindad del paisanaje ensombrece el más bello de los paisajes. No voy a extenderme mucho  porque en otras entradas y otros enlaces dejo claro cuáles son. En cualquier caso son cosas y sentimientos que comparten muchos de mis compatriotas y muchos intelectuales desde algunos siglos atrás. Al igual que Miguel de Unamuno"nos duele España"
Y todos estos pensamientos no salen tan sólo de la lectura. También han salido forzados de las vivencias y experiencias personales o profesionales, de lo que observo alrededor, de haber conocido y trabajado con gentes de otros países. En los últimos meses se habla mucho de Alemania  por ser el motor económico de Europa, por tener la tasa de paro más baja a pesar de la crisis y por la visita a de su canciller Merkel a nuestro país en éstos últimos días y su ofertas de empleos a ingenieros y titulados españoles en su país. En un blog pude leer a alguien que tuvo un compañero alemán. Le dijo que por qué no cambiaban de país: los españoles se iban a Alemania y los alemanes a España. La respuesta del amigo germano fue: "entonces Alemania se va a la mierda". El título de mi anterior entrada le puse, El problema de España: los españoles. Al menos hasta que una buena parte del paisanaje cambie de mentalidad o cambie el chip y " nos aporte algo que nos hace mucha falta: Aire Fresco."










2 comentarios:

Manuel dijo...

Muchas veces recibí e-mails donde decía las ventajas de ser obrero frente a ser médico. La más "publicitada era aquella que decía que los obreros nunca tendrían una denuncia por negligencia. Y que el obrero conducía un BMW y el médico un coche antiguo...

La mentalidad debe cambiar, pero el cambio sera lento y muy doloroso.

Saludos

Nicolás dijo...

El sentimiento por el país es compartido.