miércoles, 27 de mayo de 2009

Canción para la Magdalena

Si, a media noche, por la carretera
Que te conté,
Detrás de una gasolinera
Donde llené,
Te hace un guiño unas bombillas
Azules, rojas y amarillas,
Pórtate bien
Y frena.

Y si la Magdalena
Pide un trago,
Tú la invitas a cien
Que yo los pago.
Acércate a su puerta y llama
Si te mueres de sed,
Si ya no juegas a las damas
Ni con tu mujer.
Sólo te pido que me escribas,
Contándome si sigue viva
La virgen del pecado,
La novia de la flor de la saliva,
El sexo con amor de los casados.

Dueño de un corazón,
 Tan cinco estrellas,
Que, hasta el hijo de un Dios,
Una vez que la vio,
Se fué con ella.
Y nunca le cobró
La Magdalena.

Si estás
Más solo que la luna,
Déjate convencer,
Brindando a mi salud, con una que yo me sé.
Y, cuando suban las bebidas,
El doble de lo que te pida dale por sus favores,
Que, en casa de María de Magdala,
Las malas compañias son las mejores.
Si llevas grasa en la guantera
Y un alma que perder,
Aparca, junto a sus caderas
De leche y miel.

Entre dos curvas redentoras
La más prohibida de las frutas
Te espera hasta la aurora,
La más señora de todas las putas,
La más puta de todas las señoras.
Con ese corazón
Tan cinco estrellas,
Que, hasta el hijo de un Dios,
Una vez que la vió,
Se fué con ella,
Y nunca le cobró
La Magdalena.

Sublime himno dedicado  las prostitutas, tan bello y elegante, compuesto por Joaquín Sabina, junto a Pablo Milanés. Resultó raro que el clero y la Iglesia católica, a la que estamos acostumbrados a que monten algún venenoso espectáculo a la más mínima, no dijera nada de que Sabina sugiera la relación carnal de Jesucristo con una ramera de su tiempo ("Y nunca le cobró / La Magdalena). Muy distinta fue la reacción de los fundamentalistas y talibanes católicos cuando se estreno la película La Última Tentación de Cristo o se editó el libro El Código da Vinci.

*Una anecdota: Un abogado bilbaino se tomó al pié de la letra lo de "Y si la Magdalena pide un trago / tú la invitas a cien que yo los pagoy envió a Sabina la factura por una visita a un puticlub, exigiendo que se hiciera cargo. Era una cantidad alta y Joaquín le mandó el dinero, acompañado de una cita de George Brassens"La menor reincidencia rompería el encanto"